2013
08.15

En estos tiempos de desazón que corren, donde tenemos una tremenda sensación de impotencia ante el poder de las grandes compañías sobre nuestra sociedad, es importante entender que sí disponemos de ciertos recursos para poder hacer frente a esta situación y que no tenemos por qué ser víctimas de la indefensión aprendida que intentan inculcarnos ciertos círculos de poder. En cualquier caso,  con este título digno de cualquier libro de autoayuda espero haber captado tu atención.  😉

Hace tiempo que venimos oyendo que los gobiernos ya no mandan, sino que son las corporaciones las que lo hacen (de hecho son sus lobbies quienes manipulan las decisiones gubernamentales). Y al menos en EE.UU. y la Unión Europea sabemos que es cierto. En los primeros porque son las corporaciones quienes financian las campañas electorales y porque los mandatarios y políticos de las altas esferas o bien poseen intereses en ellas o tienen relación con sus directivos. En Europa… bueno, en Europa sucede lo mismo (al menos en España).

El poder colectivo

Sin embargo, sí que hay algo que podemos hacer a este respecto. Es importante entender que todo esto que está pasando nos revela que ya no estamos en una Democracia en el sentido clásico del término (si es que alguna vez lo estuvimos). El voto cada 4 años en las urnas es futil y casi un engaño con promesas electorales incumplidas y recortes de derechos civiles impensables tan solo hace una década.

El poder del ciudadano ya no reside en sí mismo, sino en la colectividad. Es necesario abandonar la mentalidad individualista impulsada en parte por ese capitalismo agresivo y sin escrúpulos que interesa a determinadas corporaciones. Para entender un poco más el poder de la colectividad, es interesante observar cómo se defiende la abeja japonesa de los avispones gigantes. Sólo 30 avispones ya son capaces de exterminar una colmena entera de 30.000 abejas europeas, pese a que éstas los superan ampliamente en número. Sin embargo, la abeja japonesa, empleando una estrategia colectiva diferente, consigue derrotar al invasor:

Es interesante observar que en ningún momento hay un líder, ninguna jerarquía definida que organice la defensa, ninguna clase alta dirigente o privilegiada y en definitiva, ninguna estructura de poder.

Es posible actuar de forma colectiva sin perder la identidad individual. Es importante comprender esto y tenerlo en cuenta, pues el ego y el temor a la pérdida de la propia identidad, de la disolución del yo en la masa colectiva es uno de los elementos disuasorios para que todos participemos y nos defendamos de los abusos a los que a veces nos sentimos sometidos.

Tu mayor poder

Así pues, tu mayor poder no es el voto que puedas realizar cada 4 años y que te da esa falsa ilusión de libertad de decisión. Tu mayor poder es el voto que realizas cada día en la cesta de la compra del supermercado, al repostar el coche, ir de compras o salir a comer en algún sitio de moda. Incluso lo ejercitas cuando compras por internet.

Tu mayor poder se llama Consumo Responsable y, como dije anteriormente, no dependes de otros para decidir qué compras o que no. Eres libre, y no pierdes tu identidad. Sigues siendo tú, y votas cada día en cada momento con cada cosa que compras.

(Continuará)

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