2010
02.07

El detrimento de la economía española, que no parece tocar fondo, ha hecho que entidades como la SGAE busquen nuevas (y en mi opinión injustas) formas de lucrarse a base de nuevas tasas de dudosa justificación.

No voy a arremeter aquí contra la SGAE (busca en Google si quieres, que hay páginas de sobra) ni de sus acciones claramente lucrativas, pese a anunciarse como una entidad “sin ánimo de lucro”. Por contra, lo que me llama la atención es la actitud del gobierno. Un gobierno que no sólo lo está pasando mal, sino que parece que no tiene claro los objetivos para gestionar los malos momentos económicos del país.

¿Cultura o Entretenimiento?

El Gobierno Español ha mostrado un claro apoyo a la SGAE bajo el lema de Protejamos la Cultura. Uno se pregunta qué querrá decir el gobierno con Cultura. ¿Se va a proteger a Cervantes, escritor de El Quijote? ¿Manuel de Falla? ¿A Goya o Velázquez? ¿O hablamos de la última canción de David Bisbal y de la última película de Torrente? Para muchos ciudadanos la cultura es algo más universal y no la última canción chorra del verano.

En realidad, lo que se protege aquí son los ingresos de la industria de contenidos, cosa que no me parecería mal si no fuera porque el mensaje utilizado es claramente manipulador. Las supuestas obras que se protegen de la copia son claramente productos comerciales. Cuando se dice Cultura en realidad se quiere decir Ocio y Entretenimiento. Así pues, el mensaje debería ser Protejamos la industria de Contenidos de Ocio y Entretenimiento. Sería la verdad, pero claro, no calaría tan hondo.

Copiar sin pagar una canción no perjudica a la Cultura (a la que de hecho le conviene ser transmitida y copiada para su conservación), sino a los ingresos del autor. Que un autor quiera cobrar por su trabajo, e incluso protegerlo con derechos de copia, me parece bien si éste lo desea (yo mismo lo haría según qué trabajos, por ejemplo un libro de investigación, ¿por qué no?) Pero criminalizarlo hasta tal punto de cercenar las libertades civiles a base de decretazos que incluso dejan de lado a la Justicia, es para llevarse las manos a la cabeza. Choca aún más cuando esta legislación proveniente de un gobierno supuestamente de izquierdas en un estado democrático protege a las corporaciones y empresas de contenidos más que a los ciudadanos.

En cualquier caso, queda pues La Cultura suficientemente protegida.

¿Y la Ciencia?

Por otra parte, y paradójicamente, es bien patente que este país desprecia la ciencia y a la I+D. No ya sólo entre sus habitantes en general (que rezan, o ven fútbol pagando por él, pero no muestran el menor interés por temas científicos) sino también, y en particular, por su clase política. España se ha ido convirtiendo en una sociedad tecnológicamente analfabeta a todos los niveles; una sociedad cuyos individuos desprecian la ciencia pero que luego no dudan en ir corriendo a un hospital a hacerse una radiografía o un escáner, productos ellos de la ciencia y de la investigación. Una sociedad que no duda en elegir el último coche, televisor, ordenador o teléfono móvil, que son productos salidos del I+D. Una sociedad que demanda más seguridad, más calidad y comodidades en todo tipo de servicios, todos ellos provenientes de la investigación e innovación.

España no produce ciencia. España consume ciencia. Y ése es el problema. Estamos dejando escapar el tren de las nuevas tecnologías, de las Tecnologías de la Información (IT), mientras el gobierno se emperra en que trabajemos en el ladrillo, y en que consumamos entretenimiento. Peor aún, dejando escapar ese tren dejamos escapar también una recuperación económica más rápida y la creación de puestos de trabajo estables.

La gran diferencia entre entre producir cultura y producir ciencia es que esta última tiene un gran valor añadido: producir entretenimiento redunda en el beneficio económico de unos pocos (los lobbies del gobierno, Prisa, Telefónica, SGAE, da igual); por contra producir ciencia a la larga beneficia a toda la sociedad creando, aparte de una sociedad mejor, más puestos de trabajo y un mejor tejido empresarial.

Cuando se investiga una nueva tecnología, a parte de tener a un equipo de investigación trabajando, a la larga habrá fábricas que produzcan esa misma tecnología, distribuidores que la lleven hasta donde sea requerida, y consumidores finales … y por supuesto habrá bares alrededor de todos esos puestos de trabajo :-D. Con la Cultura, hoy día, esa cadena casi ha desaparecido, porque en esta Sociedad de la Información ya no es necesaria tal distribución. Pero además, al distribuir Cultura (ocio y entretenimiento sería una palabra más adecuada) tendremos a unos cuantos más ricos y al resto de la población algo más pobre y eso sí, más entretenida. Con ello la riqueza no se distribuye; se sigue acumulando donde siempre. Si el dinero no circula el motor de la economía se para: la gente no tiene dinero para consumir y si no hay consumo (en el bar, en la tienda, en la pyme o en el gran almacén) se acaba cerrando o despidiendo plantilla.

Uno esperaría que de la misma manera que el Ministerio de Cultura (que debería llamarse Ministerio de Ocio y Entretenimiento) protege su cultura, el Ministerio de Ciencia e Innovación, que por algún extraño motivo hasta el año pasado también se dedicó a la educación universitaria para meternos el plan de Bolonia con calzador, hiciera lo mismo con la ciencia. Nada más lejos de la realidad, es más, se ha dedicado a recortar presupuestos. A eliminar más la ciencia, mientras que los recursos para proteger la industria de contenidos (y en definitiva, la riqueza de unos pocos) se han aumentado.

Si España no produce ciencia ni innovación, tendrá que importarla. Eso sólo traerá más pobreza al país. España lo único que hace es comprar la tecnología a terceros países. Nunca (o rara vez) se produce aquí. Siguiendo con el ejemplo del hospital, si éste necesita un aparato de escáner nuevo o cualquier otra tecnología para una nueva terapia, tendrá que ser importada de otros países, y el personal cualificado ir a formarse fuera (o traer a alguien aquí para que de cursos de formación).

Todo esto resulta cuando menos curioso (si no alarmante), ya que encima se lee continuamente en internet desde sectores conservadores que España debe bajar los sueldos para ganar competitividad. Pero nunca, en ningún caso, invertir en ciencia ni en transformar a la sociedad (Educación, programas científicos, subvenciones).

Es hora de que el gobierno despierte de una vez. España tiene científicos muy competentes que, o se van del país, o malviven en un empleo distinto a aquel para el que están sobradamente preparados. Mientras los artistas tienen hasta una profesión regulada. Es hora de entender que cuando un artista hace una obra se enriquece el artista (y me parece muy bien, que quede claro). En cambio, cuando esa obra la hace un investigador, el beneficio redunda en la sociedad.

El gobierno y sus lobbies deben aceptarlo: no pueden controlar todas las fuentes de riqueza (que es de lo que realmente se trata) para sí. No pueden porque, para empezar, ni siquiera entienden de ciencia. Es hora de cambiar, fomentar la ciencia entre la sociedad, no sólo su uso sino su producción, y no esperar a enriquecerse con ella.

La música está bien, el cine está bien, el fútbol está bien, el Gran Hermano y La Noria están bien y rezar está bien igualmente. Pero va a ser esa medicina, ese escáner o ese cinturón de seguridad de nuevo diseño el que te salvará la vida.

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